Cada ocho deseos , una promesa,
tres torturas chinas y una caída de infarto.
Cada dos por tres, la cartas en la mesa,
nada que apostar; más recojo y me levanto.
Cada madrugada riome de espanto,
28 de diciembre sonríen los Santos.
Cada amanecer el ocaso del tiempo,
gracias a ti lucero, se quebró mi llanto.